lunes, 2 de enero de 2017

Hombre que me miras, lo que tú eres yo fui y lo que yo soy tú serás...


A principios del año 2014  y durante unos trabajos  realizados en la Catedral de Valencia, en la actual capilla de Santo Tomás de Villanueva aparecía una preciosa e interesante lápida funeraria perteneciente a Raimundo de Scorna, lápida que actualmente podemos contemplar en el museo catedralicio, y que debió de estar ubicada originalmente en la antigua capilla de San Lucas, la cual  se correspondería con el altar dedicado a San Felipe de Neri.

Todos los medios de comunicación valencianos se hacían eco de este magnífico hallazgo, resaltando la importancia de su escritura gótica y de su profético epitafio, además de por sus escudos parlantes y sus ángeles turiferarios. Sin embargo, esta lápida esconde algunos elementos más que son los que realmente la hacen interesante y digna de estudio.



Lápida funeraria de Raimundo Scorna. Siglo XIII. Museo de la Catedral de Valencia.



Nos decía el canónigo Sanchis y Sivera en su obra sobre la Catedral al hablar de la antigua capilla de San Lucas, que "parece que fue erigida por Raimundo Escorna, barón de Olocau y secretario del Rey, en 1291, pues en esta fecha fundó el mismo un beneficio, y el escudo de armas que había en el altar en tiempos posteriores era el de dicho Escorna, esto es, partido: 1º toro de plata en campo de gules, y 2º, castillo y once campanillas de plata puestas en orla".

Efectivamente Raimundo de Scorna debió de ser persona de renombre en la Valencia del siglo XIII. Mossen Jaume Febrer ya nombraba su linaje  en sus troves, del cual decía:

Lo Bou colorat, sobre camp de argent,Que de Campanetes circuit está,Es la insignia del Soldat valent,A qui el Rey En Jaume premià diligent.

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El Toro colorado sobre campo de plata,Que de Campanitas circuito está,Es la insignia del Soldado Valiente,A quien el Rey Don Jaime premió diligente.

Escudo del linaje Scorna en les troves de mossen Jaume Febrer.


Hoy por hoy está claro  que les troves de mossen Jaume Febrer no son una fuente fiable de información, pero sí es cierto que ya un Raimundo Scorna aparece en el Llibre del Repartiment recibiendo tierras por parte del rey D. Jaime.

La primera y única donación que encontramos está fechada el 14 de marzo del año 1248, fecha en la que Scorna recibía  "III jovatas terre en Huadacedar", es decir, tres jovadas de tierra en la alquería de Guadasséquies, además de unas casas en Játiva.

Pero fue durante el reinado de Pedro III de Aragón, conocido con el sobrenombre de "el Grande" e hijo de Jaime I, cuando Raimundo Scorna debió de vivir  su años más dorados.

Aunque es cierto que durante el reinado de Pedro el Grande  se le ve en infinidad de documentos firmar como "Raimundi Escorna predicti, domini regis scriptoris et notarii publici", este título, el de secretario real, ya lo ocupó durante el reinado de Jaime I.

En un documento fechado en Agde el 19 de septiembre del año 1272 y que se encuentra signado con el registro 44, folio 61v del Archivo de la Corona de Aragón,  Jaime I prometía a Raimundo Scorna, "secretario real", una heredad en la alquería de  Burriana.

El 28 de septiembre de 1279, Pedro el Grande le concedía tal y como se puede ver en el registro 44 folio 153v del Archivo de la Corona de Aragón, toda la tierra que pudiera labrar en un día en el lugar de Rafelbuñol. Años más tarde recibía  dos molinos de harina y un telar en Campanar, casas en Almussafes, un corral de casas en la parroquia de San Esteban de Valencia, el feudo de Olocau...

También sabemos gracias a la documentación cual era el nombre de su mujer, Astruga, y que al menos tuvo dos hijos, Ramón Scorna, y Joan Scorna.

El catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Alicante, José Hinojosa Montalvo, nos dice además en su Diccionario de Historia Medieval del Reino de Valencia, que Raimundo Scorna "otorgó testamento el 24 de junio de 1303", y que "en 1305 lo encontramos al frente del señorío de Almussafes".

Y es llegado este punto, cuando vamos a pasar a describir y analizar la lápida encontrada en la antigua capilla de San Lucas, porque como ahora veremos, algo no termina de cuadrar...

La lápida en cuestión no es de gran tamaño, 52 centímetros de alto por 37 de ancho, y en ella se puede leer además de la fecha y nombre del difunto, un epitafio que desde luego no deja a nadie indiferente.

Pero vayamos por partes. Veamos que es lo que nos dice la inscripción gótica de esta lápida, que junto con la del sepulcro de Jazperto de Botonach y la del sepulcro de Ramón de Belestar, es de las inscripciones góticas más antiguas de Valencia.

Lo primero con lo que nos encontramos es con un precioso crismón, monograma compuesto por las letras X y P entrelazadas, iniciales de Cristo. Sin embargo, este crismón tiene algo de particular, algo de lo que hasta el momento nadie parecía haberse dado cuenta,  y que hace de ella una lápida bastante singular.

Generalmente el crismón, monograma de Cristo, se encuentra en el medievo representado en un círculo, con las letras X y P bien entrelazadas o superpuestas, representando las iniciales de Cristo, con las letras alfa y omega, la primera y última letra del alfabeto griego, representado a Cristo como principio y fin de todas las cosas, y en algunos casos, como este, la letra S en la parte inferior de la P.



Crismón del Hospital de San Lázaro de Estella donde se puede ver las letras alfa y omega. Fotografía de Javier Hermoso de Mendoza (Estella.info).


















Sin embargo, si nos fijamos bien, podemos observar que en este crismón alfa y omega no ocupan el lugar que deberían ocupar, si no que están cambiadas. Omega ocupa el lugar de alfa, y alfa el de omega.


Crismón de la lápida de Raimundo Scorna, donde se puede ver en primer lugar omega, última letra del alfabeto griego, y después alfa, primera letra del alfabeto griego. Museo de la Catedral de Valencia.

¿Y por qué se grabó "el fin y el principio" en vez de  "el principio y el fin"?

La primera respuesta que surge es la del error del cantero, pero crismones como el  de la lápida de Raimundo Scorna hay varios jalonados por toda la península, como el que se encuentra en la Colegiata de San Isidoro, en León, o el de Mallén, en Zaragoza, aunque bien es cierto que es el primer caso que vemos en una lápida funeraria, ya que estos raros crismones suelen encontrarse en las entradas o salidas de los cementerios o criptas.

Quizás una respuesta a esta cuestión nos la de Antonio García Omedes, Académico Correspondiente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, quien nos dice textualmente en su blog www.arquivoltas.com  que  este tipo de crismones "simbolizan la muerte física antes de la resurrección que vendrá con la Parusía".


Continua el texto con la fecha, la cual y sin las abreviaturas pertinentes y habituales en el medievo, quedaría de la siguiente forma:


XIII kalendas Marcii anno Domini Nostri Iesu Christi MCCXCI


Fecha en la lápida de Raimundo Scorna. Museo de la Catedral de Valencia.

Como ya comentamos en un artículo anterior, era habitual que durante todo el medievo y en prácticamente  todo tipo de escrituras (bien fueran en pergamino o en piedra, como es el caso),  muchas palabras se abreviasen, sobre todo nombres propios, títulos (nobiliarios o eclesiásticos), o palabras de uso frecuente y cotidiano.  El objetivo de estas abreviaturas no tenía nada de especial ni de misterioso. Su fin no era otro que el  ahorrar a su autor algo muy valioso: tiempo y espacio. 

La traducción y cómputo de esta fecha a la actual sería la siguiente:


17 de febrero del año de Nuestro Señor Jesucristo de 1291.

Debemos tener en cuenta al hacer este cómputo, que las kalendas, corresponden siempre al día 1 de cada mes, y que si hay un número precediendo esta palabra, como es el caso, quiere significar "antes del día 1" del mes citado. En este caso vemos que la palabra kalendas va precedida del número 13 y seguida del mes de marzo, por lo tanto, la traducción literal sería la de "13 días antes del día 1 de marzo". Si tenemos en cuenta que en el calendario juliano el mes de febrero tenía 30 días, esto nos da la fecha antes citada del 17 de febrero

Como podemos ver, la fecha dada por el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Alicante, José Hinojosa Montalvo para el testamento de Raimundo Scorna, no parece ser correcta, ya que como vimos anteriormente la situaba el 24 de junio 1303, algo imposible si murió en el año 1291, y mucho menos estar al frente del señorío de Almussafes en el año 1305.

La fecha correcta de su testamento nos la da la profesora del departamento de Historia de la Antigüedad  y la Cultura Escrita de la Universidad de Valencia,  María José Carbonell Boria.

En su trabajo que lleva por título "El beneficio eclesiástico en la Ciudad de Valencia (primera mitad del siglo XV)" publicado en el año 1998 en la revista "Anuario de estudios medievales", la profesora María José Carbonell nos dice al hablar sobre la capilla de San Felipe Neri, antes de San Lucas, que Raimundo de Scorna, secretario real, fundó dos beneficios, uno bajo la advocación de San Bartolomé y otro bajo la de San Lucas en dicha capilla. Esto lo hizo "en su testamento ante el notario Pere Martí, el 10 de febrero de 1291", es decir, 7 días antes de su muerte.


Sigue el texto inscrito en la lápida con el nombre y origen  del fallecido. Nuevamente sin las abreviaturas pertinentes, quedaría de la siguiente manera:


Obiit Raimundo Scorna civis Valencie.




Falleció Raimundo Scorna, ciudadano de Valencia.

Nombre y origen de Raimundo Scorna. Museo de la Catedral de Valencia.


Finalmente, el texto acaba con una apocalíptica frase, un epitafio tan cierto como la muerte, y cuya intención es hacernos ver que sea cual sea nuestra posición, nuestra importancia y nuestra vida, todos acabamos en la muerte:


Epitafio en la lápida de Raimundo Scorna. Museo de la Catedral de Valencia.

Hombre que me miras, lo que tú eres yo fui y lo que yo soy tú serás. Te pido que reces un Padre Nuestro por mi alma.

La lapida se compone de varios elementos más. En ella podemos ver la figura yacente de Raimundo Scorna, donde todavía se puede apreciar restos de la pigmentación original.


Figura yacente de Raimundo Scorna. Museo de la Catedral de Valencia.


Sobre la figura yacente de Raimundo de Scorna, vemos como su alma, representada por una figura orante, asciende a los cielos acompañada por dos ángeles turiferarios, portando incensarios en sus manos.



Alma de Raimundo Scorna ascendiendo a los cielos. Museo de la Catedral de Valencia.



Ángeles turiferarios en la lápida de Raimundo Scorna. Museo de la Catedral de Valencia.

Coronando la escena podemos ver otra representación que hace de esta lápida algo singular. Dios, representado por su mano derecha, espera al alma que asciende. Esta mano de Dios, icono de las antiguas comunidades cristianas, con los dedos índice y corazón extendidos, hace que esta lápida sea muy interesante y especial, ya que es de las pocas en las que aparece esta imagen. Generalmente esta representación de Dios aparece en lo alto, tal y como se ve en esta lápida, asistiendo a un santo en el trance del martirio, para de este modo infundirle valor.


La mano de Dios en la lápida de Raimundo Scorna. Museo de la Catedral de Valencia.


Todo el conjunto se encuentra rematado por trece escudos portando las armas de los Scorna, un toro pasante.



Escudo parlante de Raimundo Scorna.


Así pues,  y después de todo lo visto, podemos decir que la lápida de Raimundo Scorna es sin lugar a dudas, una de las joyas del museo catedralicio.





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